CIUDAD JAGUAR
domingo, 10 de agosto de 2014
QUITO JAGUAR EN IMÁGENES
- Quito colonial esconde bajo el urbanismo moderno la ciudad milenaria.
- La memoria historia necesita recuperarse para lograr una apropiación e identidad más próxima a nuestros ancestros.
HISTORIA: QUITO CIUDAD JAGUAR
Quito Ciudad Milenaria
La ciudad se
levanta sobre una meseta, a 2.816 metros de altura, entre cuatro montes: al
este, el Anahuarqui o Itchimbia; al oeste, el Pichincha (4.794 mts); al sur, el
Yavirac o Panecillo; y al norte, el Huanacauri o San Juan.
La primera
fundación previa a la conquista española se remonta a tiempos míticos, Quitumbe fue un héroe civilizador que llegó de la isla de Puna, en la costa del
Pacífico, hace 6.000 años. Remontó el río Guayas y llegó a la altiplanicie,
donde, según la tradición, fundó un pueblo al que puso su nombre.
Posteriormente, este antiguo emplazamiento fue conquistado por los Caras o
Shyris, un pueblo navegante de la costa.
La ciudad del jaguar sagrado
La ciudad de Quito ha demostrado que el asentamiento primitivo tenía la
forma de un jaguar o puma, animal sagrado para los pueblos andinos. El primer
trazado estaba vinculado a la constelación de la Cruz del Sur, que sirve para
señalizar la construcción de las huacas o templos adoratorios. El segundo
trazado se relaciona con la constelación de Choquechinchay o Felino
relampagueante, cuya figura delimita el lugar sagrado donde se situaban los
templos principales.La ciudad se construyó según los mismos patrones que Cuzco, tanto por su localización geográfica como por la forma de su trazado.
La urbe está dividida en cuatro sectores (noroeste, sureste, suroeste y noreste), llamados suyus en la lengua indígena.
El diseño y trazado del conjunto se basó en una unidad de medida, el tupu,
conformando la cruz cuadrada,
un diagrama ritual que se corresponde con las líneas místicas de los incas, los
ceques, y señala la ubicación de las huacas.
En su parte central está el núcleo sagrado de la ciudad, dividido a su vez
por el camino de Cuntisuyu-Antisuyu, constituido en el eje matriz.
La ciudad de Quito se encuentra configurada entorno a la cosmología andina que
se levanta entorno a la figura felínica encima de la Mama Cocha. El Felino
representa la ideografía mágico-religiosa de la ciudad.
En el centro sagrado de la ciudad se levantaron los templos principales que, según Juan de Velasco, ocupaban un recinto inmenso, porque constaba de siete partes, las cuales se comunicaban y unían interiormente.
Eran todas de figura cuadrada, con cubiertas de madera casi piramidales,
guarnecidas por fuera con esparto o palma de gran duración y por dentro con
tejidos de algodón diversamente pintados. La parte mayor y principal del medio,
con gran puerta al oriente, estaba dedicada a Inti, esto es, al Sol. La segunda
parte de este mismo templo estaba dedicada a Mama Quilla, esto es, la Luna...
La tercera parte estaba dedicada a las estrellas, entre cuya multitud, tachonada
en campo azul claro, se distinguían tres principales objetos de adoración: el
primero. Chasca, esto es. Venus o Lucero de la mañana; el segundo,
Ahuara-caqui, la constelación de las Híadas; y el tercero, Coyilur o
constelación de las Pléyades, que entre todas regulaban los solsticios.
DEL KITU AL QUITO
La milenaria ciudad de Quito se encuentra rodeada por un hermosos paisaje
lleno de contrastes que alberga un conjunto de espacios con importancia
simbólica que en la época, antes de la colonia, fueron lugares energéticos y
con gran significado para nuestros ancestros: los parques de Chillogallo, Santa
Anita, la Magdalena, el Panecillo, nuestra plaza mayor, el parque Matovelle de
San Juan (detrás de la Basílica) etc. lugares que albergan historias, leyendas
y evidencias del Kitu Milenario.
La historia
de Quito se la debe contar desde muchos años atrás de la fundación (1534)
española, la misma que ha venido a ocultar gran parte de historia del Kitu para
imponer y establecer una cultura única y
conformar a Quito como ciudad hispana.
“En este sentido la fundación de una ciudad solo representa una acto de
ocupación/posesión que incluye por parte
del fundador (invasor), la implantación de un nuevo orden al cual deben
someterse funciones económicas, civiles, religiosas y sobre todo culturales.” (A.
Lozano, 1991: 145)
Por lo tanto es importante proponer una mirada
distinta, que rompa con los discursos que han creado en los habitantes de la
ciudad imaginarios, que parafraseando a Carrión, son imaginarios fundacionales
que han marcado a los pobladores y ha
formado un concepto de ciudad, por la fuerza del significado y la carga
simbólica que portan. (2010: 15)
Es así
que en los asentamientos urbanos podemos
hallar vestigios que nos sirven para reconstruir y resignificar la historia del
Kitu. La misma insignia de Quito como lo es el panecillo su forma y ubicación
es un perfecto indicio que nos remite a épocas precolombinas, lo que hace
factible leer e interpretar la historia a través de estos vestigios.
A pesar de
que estos vestigios como restos arqueológicos en la urbe no es posible
hallarlo, pero si se puede hacer desde la interpretación del Quito Colonial en
donde se han construido iglesias y conventos, edificios públicos y residencias
privadas, sobre los antiguos espacios sagrados (la gran kancha ceremonial Kitu
en la actual plaza de la independencia) y sobre antiguos templos, edificios y
casas kitu-inkas. (D. Velasco, 2011).
Las Iglesias
ahora, ornamentadas con altares en pan de oro, esculpidas y labradas en piedra
por los mismos artesanos descendientes de KI-TUMBE el mitológico fundador de
las tierras altas y bajas de Kitu, han pasado a ocupar el lugar donde había
templos Incas.
Todo lo que ahora es Quito fue levantado sobre lugares que para los Incas fueron lugares
estratégicos en cuanto a concentración de energía y sobre todo como sitios
ceremoniales. Lo que la colonia hizo fue
sobreponer una cultura sobre la nuestra, simplemente la oculto: por ejemplo en
la actualidad donde es el Palacio Presidencial era el palacio de Atahualpa o la
presencia una edificación llamada el
“bojio del inca” en el sitio del actual
edificio donde funciono el Hotel Magestic, es decir en plena Plaza Grande.
De igual
manera el investigador y arquitecto Hugo Burgos, ha realizado importantes
inferencias con respeto a los elementos míticos de la ciudad inca y las
principales vías de ingreso a la ciudad o de los cuatros antiguos caminos. Es así que antes la salida principal del sur
de Quito fue donde actualmente está la calle de las siete cruces (Arco de la
Reina).
Otro de los
vestigios que se hallado es en la calle Maldonado entre la plaza de Santo
Domingo y la quebrada del Cumandá, estas
tienen una gran amplitud sin aparente justificación, posiblemente fue un
espacio comunal para algún rito o cátug (mercado). (A.Peñaherrera, 2012: 264)
De igual
forma en la ciudad de Quito ha quedado un muro del más claro estilo inca
imperial, confeccionado de piedras cúbicas, pulidas y regulares, colocadas en
hiladas rectas y horizontales, tramadas como ladrillos, que es la misma técnica
observada en los edificios incas vinculadas al culto solar. Se trata del muro
de la torre y fachada de la iglesia de La Merced. (M. Espinoza, 2014: 12). Este
mismo muro, en nuestra cotidianidad solamente es un muro que forma parte de la
fachada de la iglesia ya que ha sido intervenido desde la época colonial hasta
la actualidad, y ha tomado un aspecto de pared colonial.
Es en base a
estos vestigios culturales indígenas en nuestra ciudad, que se han logrado construir un nueva forma
de mirar a nuestra ciudad, pues, hasta la fecha no se ha hecho ninguna muestra
arqueológica más que los mismos trazados
y planos de la ciudad, es por eso que solo el aparecimiento de una nueva visión
y voluntad, que exprese un claro el deseo de crear una mirada fuera del discurso
oficial, podrá impulsar las investigaciones acerca de las evidencias físicas de
la ciudad Inca de Quito.
El Quito moderno
El
Quito moderno implica un olvido cultural ancestral. La ciudad destruida por la
conquista, fue reemplazada y cronológicamente invisibilizada. Las políticas
actuales de urbanidad y de conservación y estetización del “Centro Histórico”
de Quito en el periodo 1996-2008 para incentivar el turismo extranjero de alto
estándar. Pero olvidándose que “la invención de la ciudad española de Quito fue
un proyecto excluyente, procolonizador y racista que pese a su escandalosa caducidad, no termina
por morir quizá porque un nuevo proyecto descolonizador, incluyente y democrático
de ciudad, no acaba de nacer. Este nuevo
proyecto de ciudad, debe fundamentarse en la necesidad de rescatar del olvido
los capítulos de la historia inca borrados ominosamente; sus huellas físicas y
sus protagonistas, deben ser visibilizadas como parte de la salvaguarda,
promoción y activación del patrimonio prehispánico”, asegura Manuel Espinoza.
Para
Fernando Carrión, la ciudad es un sistema complejo que produce un pensamiento
heterogéneo, donde está presente la memoria (historia), el sitio (geógrafa) y
la población (sociedad) en sus mutuas interacciones. Pero en la ciudad de Quito
esta, interacciones han sido premeditadas y limitadas por un pensamiento
modernista colonialista que lleva a lo que Martin Jay dice, “el modernismo vive una tensión entre la negación y la
tendencia”, es decir, niega la ciudad cultura e identidad milenaria y exalta la
ciudad colonial. Jay, concluye que la vanguardia (que en este caso sería el
presente proyecto) pretende es portadora Quito colonial, siempre y cuando encuentre una ubicación
social donde pueda obrar.
La modernidad latente que se ha tomado
ciertos lugares para justificar que es moderna, se presenta justamente buscando el “progreso” que forja proyectos urbanos como la construcción
del “Metro Q” que atraviese el área subterránea del Centro Histórico de Quito,
y pone en riesgo el patrimonio multicultural tangible de la ciudad.
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